Inclusión sí, pero con eficacia, medios y recursos.

Todos los que nos dedicamos al estudio del cerebro y del comportamiento humano, sabemos que en momentos de tensión, cuando se tramitan proyectos de ley con carga social, puede haber malas interpretaciones si ello no se comunica con la sensibilidad adecuada. En concreto, me estoy refiriendo a la propuesta del Gobierno de España sobre los colegios de educación especial.

 

Cuando genera un movimiento social inmediato de repulsa, que simplemente quiere inundar España de corazones verdes, del color de la esperanza, es que algo pasa. ¿Qué no se está haciendo bien con este asunto? Un amigo afectado y preocupado me pide que escriba sobre ello.  Antes de sentarme al ordenador, me informo y consulto con profesionales de la educación y llego a conclusiones que quiero compartir con ustedes.

 

MEMORIA

 

Cuando en los años 80, se luchó para que los alumnos con trastornos cerebrales tuviesen unos colegios con especialistas preparados para desarrollar sus capacidades, se consiguió la apertura de colegios de educación especial. No sé si sabrán, que en este caso, la expresión “pan para todos” no sirve, porque cada cerebro es único y todos tenemos peculiaridades.

 

En los casos de niños con problemas de neurodesarrollo, una atención temprana dirigida por especialistas que saben cómo estimular las zonas cerebrales afectadas, los puede convertir en el futuro en hombres y mujeres con mayor autoconocimiento. Con capacidades para ponerlas al servicio de los demás y con corazones verdes que además de recibir amor, les han proporcionado la esperanza de servir para construir un mundo juntos, más justo y más solidario.

 

NUEVA ERA

 

Además de escuchar, me dedico a desarrollar el talento de las personas gracias a la Neurociencia. Particularmente, me siento muy afortunada de haber tenido entre mis alumnos a los profesores de más de treinta colegios de Madrid. Excelentes educadores de vocación y con unas enormes ganas de mejora.

 

Tanto Marisa Melara, como Fernando Barbero, me han dicho que la realidad es que los colegios tienen pocos recursos, ni están preparados para una atención individualizada. En sus respectivos centros, mantienen una relación combinada con centros de educación especial para compartir algunos alumnos en determinadas asignaturas, y siempre con educador asistente.

 

Practican claramente la inclusión, pero  insisten en que “se necesitan más recursos personales y materiales” y estudiar “cada caso atendiendo al trabajo que necesita cada niño y el apoyo a las familias”. Hoy, en el telediario de las 15,00 horas, Educación asegura que el cierre de los referidos centros no es la intención del Gobierno. Qué fácil es todo cuando se comunica bien.

 

Sara Dobarro

Neurocientífica y periodista
28 de abril de 2020

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