Liderar desde el Aprendizaje en 2019

Liderar es servir, es ponerse a disposición de los demás, es conversión, es aceptación y, sobre todo es encontrarse a uno mismo para aprender a crecer, desde la humildad, con el equipo. Es generar entre todos impacto social. El líder hace fluir, en quiénes están construyendo un proyecto, un espíritu de responsabilidad porque desde ésta será posible ayudar a transformar la sociedad. El líder ha de dejarse ayudar porque sabe que el camino se realiza desde el aprendizaje y desde la entrega. El líder lo es por su disposición a innovar con el fin de poder realizar un trabajo conjunto que pueda ser reconocido socialmente por la generación de respuestas coherentes y profesionales. El líder lo es por haber aprendido a servir y por haber creído que de manera conjunta se puede soñar.

Todo esto es lo que estamos aprendiendo con el apoyo y la dirección de Sara Dobarro y su equipo. Su método está “sacando” lo positivo que hay en nosotros, ayudándonos a entender que nuestra misión es generar riqueza social. Nos está situando ante el Bien Común porque nuestro trabajo se basa en la voluntad de servir. Somos un equipo de más de 1900 personas trabajando en 72 Fundaciones.

En esta línea y desde el ejemplo del aprendizaje, quiero presentar el siguiente artículo de Sara Dobarro donde explica su visión sobre el liderazgo y cómo trabaja desde la neurociencia y el humanismo del siglo XXI.

David López Royo

Delegado Episcopal de Fundaciones

Archidiócesis de Madrid

REPROGRAMAMOS LÍDERES INFLUYENTES

Los líderes del siglo XXI son buenos en su tarea de influir sobre las personas y sus equipos cuando dedican tiempo a desarrollar una gran confianza en si mismos. El horizonte actual de la globalización, complejidad de mercados y el desarrollo cambiante de modelos tecnológicos, hacen que todos los que lideramos proyectos estemos sometidos a un aprendizaje continuo, en el que son imprescindibles dos valores fundamentales: la humildad y el humanismo.

Trabajamos para varias organizaciones multinacionales con nuestra metodología mSD de reprogramación neuronal para ayudar a los líderes a adaptar y entrenar su cerebro ante los constantes cambios. Cuando las circunstancias crean escenarios de mercado novedosos, se hace preciso tanto un cambio de mentalidad como de actitud. La aptitud: formación y experiencia se presupone, se necesita la suficiente madurez para abrir la puerta secreta que lleva al conocimiento del interior del cerebro y de la gestión emocional.

VIAJE AL INTERIOR

Para afrontar los retos y costes de liderar a otros, el líder del siglo XXI tiene que conocerse muy bien y hacer un viaje introspectivo, en el que le acompañamos de la mano de la neurociencia. A lo que añadimos la experiencia propia de haberme reprogramado para acomodar mis valores y principios permanentes de mi personalidad a la nueva realidad. El equilibrio de las emociones de supervivencia y de las sociales, son las que potencian al líder para ser ejemplo motivador.

El conocimiento de sus valores y gestión emocional va a ser su reserva natural de energía y determinación para liderar. Hemos trabajado con cientos de líderes y los cambios al éxito se producen cuando la persona ha conseguido estar en armonía consigo misma. Sólo desde el conocimiento personal se puede convencer y mostrar seguridad a otros.

ESPÍRITU VISIONARIO

Los empresarios y fundadores, así como directores y líderes de organizaciones tienen la capacidad de crear y atender al espíritu visionario que exige el mercado. Pensemos en las “startups”: imaginamos a sus líderes como inventores y modelos de comportamiento organizacional y de liderazgo. Los más jóvenes, nativos ya digitales, hacen muy bien su trabajo, pero puede se les puede potenciar en sus habilidades humanas para inspirar a otros a hacer lo mismo.

El líder debe de ser ejemplar en sus habilidades humanas y mantener una comunicación basada en el respeto y la verdad, sin miedo a reconocer y compartir errores, de los que se aprende. Los nuevos líderes del siglo XXI que formamos tienen grandes valores humanos como la responsabilidad por mantener a personas y organizaciones en torno a un compromiso común. Para esto reprogramamos circuitos neuronales que refuerzan la intuición, inteligencia emocional y una gran fuerza de voluntad.

GESTIÓN EMOCIONAL

Grandes líderes que hemos formado, establecieron una historia compartida en la aventura de formarse en reprogramación, para transmitir y compartir la cultura corporativa. La formación en cascada es un acierto ya que es similar a la comunicación en red, tan propia de este siglo.

La gestión emocional propia, nos capacita a las personas para entender e interpretar las emociones de los demás. La capacidad de influencia del buen líder pasa por participar y trabajar en la mejora de la vida de las personas que integran la organización. El entrenamiento de las palabras y gestos es fundamental, porque ya no sólo importa qué decimos sino cómo lo estamos diciendo.

Las emociones compartidas fortifican las relaciones interpersonales de todos los miembros del equipo o de la organización. Cuando alguien se siente escuchado o que se reconoce el esfuerzo, se produce un inmenso motor de motivación que alivia el pesar, ya que es como insuflar oxígeno, energía y atención. En definitiva, ayudarle a respirar: a vivir mejor en el desempeño de su trabajo. Los líderes que formamos en su reprogramación neuronal son personas con ganas de inspirar a todas las personas de su organización. Como me gusta decir, ayudamos a sacar lo mejor de los y las humanistas tecnológicos.

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