

Cenalmor se fue volando
ARAGONDIGITAL.ESTribuna digital
Martes 26 de diciembre de 2006.- El general Alberto Cenalmor Balari, máximo responsable de la Base Aérea de Zaragoza, nos deja. Se fue volando, como no podía ser de otra manera. Este martes, me he enterado por su familia que Alberto falleció este lunes, en Madrid. Estoy triste y no puedo dejar de pensar en su sonrisa, siempre afable, que transmitía seguridad. El general Cenalmor para mí era mucho más que una autoridad. Era un amigo. Cuando nos juntamos dos ferrolanos en Zaragoza se establecen unos vínculos afectivos tan intensos como naturales.
Alberto Cenalmor estaba ilusionado esperando el aumento de tráfico aéreo previsto con los eventos de la Expo 2008. La verdad es que Alberto Cenalmor era un apasionado de los aviones y de su familia. Hoy quisiera también escribir unas palabras de cariño, de aliento y de admiración hacia su mujer, Mariali, a la que mando un beso muy especial; a sus cuatro hijos: Alberto, Cristina, Pablo y Macarena; y a sus dos nietos.
Brillante y humano
Después de una brillante carrera y 31 años de vida profesional, con prestigiosos puestos de mando en Cataluña y el Estado Mayor del Aire, el 16 de mayo de 2005 fue nombrado general jefe de la Base Aérea de Zaragoza. Fue cuando lo conocí. Su talante humano, su trato familiar y la cualidad de gran conversador, así como su capacidad de empatizar me indicaron que estaba ante un gran hombre, que no sólo había pasado por la escuela militar, sino también por la escuela de la vida. Era una esponja de conocimiento y simpatía.
El general Cenalmor estaba encantado en su actual destino. Era consciente de que “la Base de Zaragoza ha sido, es y será una de las instalaciones más importantes y valiosas para todas las Fuerzas Aéreas aliadas. Sus dimensiones y capacidades permiten albergar a cualquier tipo de avión, en cualquier misión o de cualquier nacionalidad”.
Alberto se sentía un privilegiado, por eso nunca dejará de sonreír…
Siempre en nuestro corazón
Me gusta recordarlo así, porque estoy segura de que siempre estará en nuestro corazón. Cada noche, cuando los aviones F18 de la Base zaragozana sobrevuelen mi casa, me acordaré de Alberto. También cuando llame a mi perra, a la que él dio el nombre de “Turu”. A Cenalmor le ha tocado un nuevo destino, como premio a su capacidad personal. Todo ha sido muy rápido. Como bien decías, querido Alberto, “los gallegos estamos hechos para estar en todo el mundo, incluso en el cielo”.
