España necesita más innovación y conocimiento

Me sentí cómoda y gratamente comprendida cuando, el pasado mes de mayo, tuve la suerte de participar, al lado de los más prestigiosos investigadores mundiales en pensamiento, en el Congreso ICOT 2018, celebrado en Miami. Mi pequeña aportación fue en el campo de la neurociencia para aprovechar mejor las capacidades cerebrales de cada persona.

Curiosamente, la primera pregunta que lanzó el padre de la teoría del cociente intelectual, David Perkins, fue “¿Qué significa ser inteligente?”… porque con toda humildad reconoció que su teoría estaba desfasada. En el nuevo milenio, gracias a los avances científicos, tenemos que atender a otras teorías como la de las inteligencias múltiples.

EDUCACIÓN: LA CLAVE

El sistema educativo es obvio que no funciona. Atendiendo a la referida teoría deberíamos atender a que cada alumno, dependiendo de su inteligencia, tiene características, intereses y capacidades diferentes. La educación del siglo XXI es clave para elevar el nivel de vida. Los estados más avanzados buscan maneras asequibles de poner en valor la gran aportación que la ciencia nos pone en bandeja.

Desde la sociedad española tenemos que impulsar la acción del Gobierno para transformar el conocimiento en verdadero valor de impacto económico que nos garantice cierta competitividad  en el mundo global al que ya pertenecemos. Está más que comprobado el paralelismo que hay entre crecimiento económico e inversión en ciencia.

I+D= MAYOR ECONOMÍA

Según la encuesta sobre la percepción social de la ciencia y la tecnología de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), el 89% de los españoles creemos que la I+D tiene una influencia positiva en la sociedad, superando a los alemanes o franceses, que son más ambivalentes. Sin embargo, las expectativas y conductas ciudadanas están en discrepancia con la que le otorgan las empresas y los gobiernos autonómicos y el Central.

¿Los países ricos invierten en ciencia o los países que invierten en ciencia se vuelven ricos? Las investigaciones y la observación de la realidad demuestra claramente que la inversión en innovación, conocimiento y educación genera retorno económico, empleo y un variado beneficio para la sociedad, como ocurre en Suecia o Dinamarca. ¿Qué podemos hacer entonces?

PROPUESTA

Desde mi pequeño campo de acción, intento despertar conciencias a aquellos que pueden iniciar el cambio, para que este desafío real  no se quede en simples intenciones. Hemos de tender la mano y el cuerpo entero para sumar esfuerzos y plantear iniciativas para el movimiento, tanto la iniciativa privada y la religiosa, como la concertada o la pública, serán el modelo de la deseada participación de la sociedad al completo.

Para que sea efectivo, el movimiento tiene que ser interdisciplinario, procedente de diversos campos como la educación, la neurociencia, las ciencias de la salud, las artes, los deportes y el emprendimiento, entre otras áreas. El Estado podrá favorecer el conocimiento, la innovación y la educación, pero la iniciativa ha de ser nuestra.

 

SARA DOBARRO

Neurocientífica, especialista en reprogramación neuronal mSD.

 

 

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