Entrevista desde la neurociencia: MARTA GARCÍA ORTÍN

Marta García Ortín es cirujana. Tras licenciarse en Medicina por la Universidad de Zaragoza, se marchó a México, donde se especializó en Cirugía Plástica, Reparadora y Estética. Allí, tras siete intensos años de estudio y trabajo aprendió toda la técnica que hoy aplica en sus pacientes en Zaragoza.
Dentro del campo de la cirugía plástica, la Dra. García Ortín se sub especializó en cirugía reconstructiva en pacientes oncológicos y en cirugía craneofacial para la corrección de malformaciones congénitas, en la escuela del Dr. Ortiz Monasterio. Actualmente, de todo su volumen de trabajo, aproximadamente, un 60% de las cirugías que hace son reconstructivas.
Convive a diario con emociones fuertes, las de sus pacientes, que ella misma en ocasiones modula y gestiona para que el proceso de la cirugía sea todo un éxito.

Es una mujer con valores. Los mismos que intenta inculcar a diario a sus dos hijos, siendo un ejemplo para ellos. El que destaca, y que cree que se está perdiendo, es el honor: tener palabra. Ser coherente con lo que se dice, lo que se piensa y cómo se actúa frente a los demás.

El día que elegimos para la entrevista es un caluroso viernes de julio, hacia el final de la mañana, cuando Marta ha terminado todos los “papeleos” que tenía pendientes. Me recibe en su despacho impecablemente vestida, coordinada en tonos sobrios y con pequeños detalles ornamentales, que complementan su conjunto e imagen cuidada. Su melena rubia y lacia, que aún huele a acondicionador, le da un aspecto juvenil.  Mi primera impresión es que la Dra. García Ortin, haciendo gala a su especialidad, tiene gusto por la belleza.

Ustedes se preguntarán, ¿hay algún código genético que nos permita explicar bioquímicamente el gusto y sentido por la belleza, por el arte, por las proporciones estéticas? La moderna neurociencia, de la mano del profesor Llinás, dice que la clave está los qualia: aquellas percepciones y experiencias conscientes (sensoriales, emotivas, motivacionales o ilusorias) que invaden nuestra mente para dar rienda suelta a la creatividad, el arte y la belleza.

Marta afirma que la belleza es importante en su vida. De hecho me confiesa que de niña le llamaba más la atención el arte y el dibujo que la medicina. Hoy, está convencida de que lo ideal es tener una buena combinación de belleza interna y externa.

El arte y la estética van de la mano del desarrollo intelectual, y en tu caso puede que retroalimentada por tu formación profesional. ¿Cómo se aplica la creatividad en quirófano?
Como bien dices, la cirugía plástica es, de las especialidades quirúrgicas, quizá la más creativa. Cuando estoy en quirófano puedo crear, y al hacerlo consigo una gran motivación… sobre todo en la cirugía reconstructiva, que es la que más me llena, porque le devuelves a la persona la posibilidad de vivir como si no hubiese padecido una enfermedad o accidente, que la hubiese dejado sin media cara, por ejemplo.

¿Cómo manejas las emociones, el estrés, esa motivación extra en quirófano donde has de estar tan concentrada?
En mi caso bien, porque me concentro con facilidad. Pero, a ti que te gusta el estudio del cerebro y del comportamiento humano, te encantaría abrir una curiosa investigación observando la manera de ser de los cirujanos en general. Si quieres ver realmente quién es quién, obsérvalo con el bisturí en la mano y verás las verdaderas emociones que todos llevamos dentro; si la persona es tranquila, nerviosa, gestiona bien las emociones o si es impulsivo… Es realmente curioso.

Tener un padre médico, ¿te influyó de alguna manera para que te visualizases con la bata blanca?
Sí, puede que sí. Recuerdo, cuando yo tenía como 5 o 6 años, que le acompañaba a la facultad de Medicina, donde era profesor. Mientras él estudiaba en los laboratorios yo me entretenía viendo a los conejitos y otros animales pequeños que tenían allí. Después, cuando crecí un poco más, le acompañaba también al hospital, los fines de semana.

Desde luego, es un gran ejemplo de cómo las emociones influyen a la hora de tomar decisiones… Con respecto a tus pacientes, ¿vienen movidos y movidas también por las emociones?
La gente viene buscando ilusión y buscando poder cambiar aquello que no les agrada en su físico y que les llega a generar angustia. Te encuentras con pacientes jóvenes que tienen grandes complejos e inseguridades y que no pueden desarrollar una relación normal con las personas de su alrededor hasta que no se sienten seguros de sí mismos. De algún modo, les ayudamos a vencer no solo una barrera física, sino -y más importante- una barrera psicológica que puede llegar a cambiar la vida a la gente.

¿Cómo de emocional ha de ser la decisión de someterse a una cirugía plástica?
Hay que llegar a un término medio. Evidentemente, ha de existir una emoción, una motivación grande, que te lleve a someterte a una agresión al cuerpo como es pasar por una anestesia, las heridas, los puntos… pero también es una decisión que tiene que estar muy tamizada por la razón. A veces hay gente que viene después de un acontecimiento muy importante en su vida, como puede ser un divorcio, y quieren hacer cambios cuanto antes mejor. Yo les digo que es mejor meditar bien la decisión, pensarlo tranquilamente, y después dar el paso. Hay que ser 100% honesta en esta profesión, Sara…

¿Te contagias de las emociones de tus pacientes?
Sí, hasta cierto punto. Tanto de las positivas, cuando mejoras la estética de algún paciente; como de lo menos positivo, cuando viene una persona con cáncer. En este último caso, practico inevitablemente la empatía. Me pongo en su piel y siento la obligación de trabajar en la reconstrucción de la más meticulosa y mejor manera que sé. Además, voy más allá de la estricta relación cirujano – paciente. Date cuenta de que estamos hablando de situaciones de desesperación, de frustración… De personas que necesitan cariño, y una mano que te dé una palmada en el hombro mientras te dice: “tranquilo, que esto lo vamos a solucionar”. Así es como trabajo yo.

¿Y eso no agota? ¿De dónde sacas la energía?
En cirugía plástica tienes, a grandes rasgos, dos tipos de pacientes: estos que te acabo de comentar, con patologías que han desencadenado una malformación anatómica; y otros, igual de importantes, que están bien, pero que buscan mejorar.
La positividad que recibo de este tipo de pacientes cuando ven sus resultados, me da una fuerza extraordinaria para motivarme y ayudar mejor a los que vienen con sus miedos, con sus temores…

Digamos que de alguna manera consigues canalizar las emociones positivas de unos pacientes para volcar lo mejor de ti misma en otros que están en condiciones menos favorables…
Así es. La clave del éxito es saber qué necesita cada paciente y cómo necesita recibirlo, también a nivel emocional.

Y las emociones, entre los pacientes -o potenciales pacientes-, ¿se contagian? Es decir, ¿hay modas en la cirugía plástica?
Totalmente. Ahora, desde hace un par de años, se ha puesto muy de moda el tema de la cirugía íntima femenina: reducción de labios menores, corrección de zonas que hayan quedado dañadas o deterioradas después de los partos, blanqueamientos de las zonas genitales y demás… es la novedad de la cirugía estética en estos momentos. Hay congresos, libros, charlas… Esto da que pensar que igual que la educación sexual ha cambiado, el cuidado por la estética de los órganos sexuales también lo está haciendo.

O sea, que tu especialidad, utilizando la zona racional del cerebro, ves que está ligada completamente a las emociones…
Y tanto… emociones individuales y sociales.

Las nuevas exigencias del mercado, imagino que hacen que estés en constante aprendizaje… tu plasticidad neuronal (esa capacidad del cerebro de adaptarse a nuevos escenarios) debe estar muy trabajada…
Sí, en parte por dos factores: los años de profesión, que te dan experiencia y las nuevas técnicas quirúrgicas que van saliendo. Eso te hace estar en constante actualización de conocimientos.
A veces, cuando tengo una cirugía en la que me toca reconstruir una zona un poco complicada, la miro y pienso, “¿y ahora por dónde empiezo?”… Si tengo que quitar medio párpado, y rehacerlo… “¿cómo procederé?”
En esas situaciones entra en juego una combinación casi siempre ganadora: la experiencia y la proyección a futuro y la creatividad, guiada por las técnicas que han demostrado mejores resultados y que una ha tenido que aprender a hacer…

¿Crees que es importante la gestión emocional del paciente antes de entrar en quirófano?
Por supuesto. Es fundamental. Por mi experiencia, sé que a la gente positiva siempre le va mucho mejor, tanto la intervención como el post operatorio.
La positividad es muy importante ante cualquier tipo de cirugía: el dolor va a ser menor, la recuperación va ser más rápida y el resultado eventualmente mejorará.

Hablamos constantemente de positividad, motivación, ilusión… todas esas emociones, ¿generan una relación distinta a la médico-paciente tradicional?
Sí, claro. Realmente muchos pacientes se convierten después en amigos de por vida. Viven conmigo de la mano un camino que les va a cambiar la vida para bien, lleno de emociones. Eso hace un vínculo muy especial.
Además, cada cierto tiempo vas viéndolos en las revisiones y el contacto nunca se pierde. Al final, mucha gente pasa por la consulta solo para verme un rato: saludarme, charlar unos minutos y disfrutar un poquito.

Tú, a través de la cirugía plástica, cargas de seguridad personal a tus pacientes… Y, ¿a ti? ¿Quién te da seguridad, en sentido vital?
Hay dos personas muy importantes para mí en esta vida: mi padre y mi marido. Mi padre es una persona que siempre me ha dado su apoyo incondicional para todo. Para estudiar medicina, para hacer la especialidad de cirugía plástica… Siempre está ahí apoyándome y dándome tranquilidad, ciertamente…
Mi marido, Juan, es para mí una persona esencial. Sé que lo tengo siempre a mi lado para darme apoyo, en lo profesional, por supuesto, pero en lo emocional también… Para mí es primordial porque me ayuda muchísimo a dar una buena educación a nuestros hijos.

Que tu marido se dedique también a la medicina y viva su profesión con intensidad, ¿hace que de alguna manera os comprendáis y apoyéis mejor?
Sí. Juan tiene un grupo de investigación en la Universidad de Zaragoza. Hacen investigaciones de genética, en mutaciones y enfermedades raras. Nos complementamos muy bien y nos entendemos a pesar de que nuestra profesión, dentro de la medicina, es completamente distinta: yo tengo un contacto directo con el paciente, y él se comunica con sus pacientes a través del ADN…
Tener a alguien como Juan en mi vida me ayuda mucho. Yo soy más emocional, más inquieta. Él, por el contrario, es más tranquilo, más calmado… Más reflexivo, también. Eso me aporta mucha seguridad. Es un apoyo fundamental en mi vida.

En casa es tan importante tener un buen apoyo emocional… Cuando llegas a la tuya, tras una de esas maratonianas jornadas de quirófano por la mañana, consulta por la tarde, y visita a los pacientes por la noche… ¿eres capaz de desconectar totalmente?
Sí. Eso sí lo hago… porque llego tan cansada que suelo desconectar con cierta facilidad. No tengo problema. Además tengo la enorme suerte de que mi entorno en casa me ayuda mucho: tanto mis hijos (Ana, que tiene 16 años; y Andrés, que tiene 12), como mi marido, como te acabo de comentar…

Marta, ¿cómo ves tu vida de aquí a cinco años?
A gusto. Con mis hijos creciendo y desarrollándose como buenas personas. Con mis seres queridos cerca y contando con el apoyo incondicional de mi marido…
Y que todo siga igual, porque creo que tengo suerte en la vida, afortunadamente.

TERMÓMETRO EMOCIONAL
Marta valora del 1 al 10, las emociones básicas de Paul Ekman (indispensables para la supervivencia) según te sientas en el momento actual:

Alegría → 7
Tristeza → 3
Ira → 4
Sorpresa → 8
Asco → 1
Miedo → 1

ANÁLISIS DE LA CNV
Marta García Ortín es una mujer intensa y equilibrada. Divide su cerebro en vivir con pasión su profesión y cuidar de su familia con gran responsabilidad. La transmisión de valores, la sencillez y la transparencia son constantes en su comunicación no verbal, ya que continuamente me muestra las palmas de las manos. Para realizar la entrevista, nos sentamos en un sofá de su consulta. Al comienzo, Marta se atrincheró en la esquina opuesta a la mía, celosa de no querer mostrar sus emociones al hablar de su actividad profesional. Está claro que delimita muy bien las parcelas personal y  laboral. Cuando se refiere a que a veces tiene que proyectar ilusiones en sus pacientes entrelaza sus manos en forma de capilla, en búsqueda de seguridad y equilibrio. Sin duda, lo que le da un respiro es hablar de la gente positiva, momento en el cual se siente distendida, despega sus manos y relaja su mirada.
Al referirse al pasado, a su infancia y a sus tiempos de estudiante en México, lleva la mirada hacia abajo buscando una conexión con su interior. Le cuesta bucear en su hipocampo -el almacén de la memoria del cerebro- que parece estar rebosando, por el incesante movimiento ocular.
“Creo que cuando eres más joven es más fácil adaptarte a las nuevas circunstancias. Conforme pasan los años te vuelves más rígida”. Tras estas palabras de sinceridad que compartió conmigo, sonríe de forma natural, porque no es mujer pretenciosa.
Maneja bien los silencios, es intuitiva y aunque es mujer de palabra, en ella las acciones y los gestos hablan mucho más.

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