FOTO SAPO

DE SAPO A PRÍNCIPE DIRECTIVO

FOTO SAPO

 

Aunque el título induce a pensar en magia o  cuento, vamos a hablar de neurociencia. No es la primera vez ni será la última que llame a mi puerta un directivo que quiere mejorar y adaptar una forma de liderazgo compatible con las nuevas habilidades sociales y para el mando de nuestra era. Pero el caso del que les voy a hablar es de un auténtico sapo. El que me tuve que tragar yo al aceptar el caso de un ejecutivo que venía de la mano de una persona muy querida por mí. No lo pude rechazar y, después de esta experiencia, les puedo asegurar que cualquier ejecutivo que se proponga conseguirlo puede evolucionar de sapo a directivo, con el trabajo de cuatro sesiones, aplicando mi método mSD de estudio personalizado de la comunicación cerebral.

Es fácil de explicar. Todas las personas tenemos tres cerebros: el de los instintos, el emocional y el racional. Estos tres se fueron superponiendo conforme nuestra raza iba evolucionando, pero hoy sabemos, gracias a la neurociencia, que no forman compartimentos estancos. Muy al contrario, estas tres zonas del cerebro se influyen y complementan, de manera que nos ayudan a regular y adaptar nuestro comportamiento a las diferentes experiencias que afrontamos. Trabajan imbricados y acoplados para buscar siempre un equilibrio funcional. Cuando se observa en uno mismo y se racionaliza es cuando el sapo se hace buen directivo.

FUERA DE CONTROL

El protagonista de la historia tenía un problema muy serio. En determinadas situaciones se estresaba tanto que se producía una desconexión entre la zona racional y emocional de su cerebro. Entonces se enervaba pues la conducta emocional siempre prevalece, sobre la razón en caso de tensión y cuando hay desconexión.  La razón pierde la capacidad para controlar y regular las emociones y todo su ser quedaba “desatado”, fuera de control. Alguno puede reconocerse en menor grado, en esas situaciones en que, alterados por el estrés, y la tensión perdemos los papeles o reaccionamos a golpe de sentimiento. La emoción –siempre más rápida que la razón– es la que nos hace comportarnos de esos modos.

En este caso la ira de mi “sapo” era fuera de lo común. Tanto que daba miedo. Aun siendo un hombre de alta talla intelectual, muy inteligente y con alta capacitación para su puesto directivo, era consciente de que si no controlaba su conducta podría perder su trabajo. En su funcionamiento diario, cuando acumulaba tensión, predominaba la parte evolutivamente más antigua. Empezamos el entrenamiento de la gestión emocional con grabaciones y tras dos meses en los que el sapo se vio, se reconoció y comprendió a qué obedecían sus gestos, se convirtió en príncipe. Y, como en todos los cuentos, fue gracias al amor, que es la mayor fuerza de todo el sistema emocional: un amor propio que se tornó voluntad para esta maravillosa transformación.

Sara Dobarro

Especialista en Neurociencias y comunicación del cerebro

One thought on “DE SAPO A PRÍNCIPE DIRECTIVO

  1. isidro Cristobal

    sara buenas tardes esto es música celestial que solo una pianista como tu sabe tocar que llega al alma gracias, por estas maravillas que iluminan un camino, que a veces nos cuesta recorrer gracias feliz semana ♣♣♣♣

Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Top

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.